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sábado 17 de julio de 2004, 22:00:00
LA VEREDA DE LA ESTRELLA-LAGUNA DE VACARES
Tipo de Entrada: RELATO | 2 Comentarios | 4432 visitas

Tras un fuerte desnivel desde Güajar Sierra de 1800 metros y una noche divertida al raso mereció la pena el paseo por la vista tan bonita que tuvimos de la Laguna de Vacares y todo el circo de las altas cumbres de Sierra Nevada.

El refugio de La Cucaracha
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El refugio de La Cucaracha
El Vacares y La Alcazaba
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El Vacares y La Alcazaba
La Laguna del Vacares a 3000 metros
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La Laguna del Vacares a 3000 metros
Preparando la noche
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Preparando la noche
Mulhacén, Alcazaba y Veleta.
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Mulhacén, Alcazaba y Veleta.
LA VEREDA DE LA ESTRELLA-LAGUNA DE VACARES

 

Un poco antes de lo normal, a las siete de la mañana, nos citamos al pie del Cerro de la Virgen en Motril. A la cita aparecen: Miguel Ángel, Rosario, un amigo de ambos (posible sangre nueva y joven para el grupo), el profesor, Paco Morales, Paco el ambulanciero, Fernando, Antonio Hidalgo, Manoli, Pepe Guirado, Carmen Barragán, David Morales y el que os escribe estas líneas. En total 14 personas con ganas de marcha.

Una vez distribuidos en los vehículos salimos hacia un punto intermedio de reunión, en la gasolinera que desde Granada hay camino de la Sierra. En este lugar veo un nuevo componente de la excursión, un amigo de Pepe Guirado. De ahí partimos hacia Güejar  Sierra desde donde tomamos el antiguo camino del tranvía que termina en las casas de Sevillana tras atravesar unos bonitos túneles  hechos en roca a base de barrenos y mazas, a la antigua usanza. Esto me lo confirma mi suegro, que a sus 17 años le tocó trabajar de peon en la obra del tranvía. Cosa curiosa, ha sobrevivido al tranvía. Y como siga así  nos sobrevive a todos!!!

Dejamos dos coches en la orilla del río ya que el aparcamiento del bar que hay está lleno a pesar de ser hora temprana, las 9:00a.m. A las 9:18a.m comenzamos la marcha bien pertrechados con lo que nos hará falta para la misma. Los inicios nuestros son fulgurantes, con semación de tener prisa por llegar a no se dónde. Salimos por la Vereda de la Estrella que, tras posponer en varias ocasiones su realización, al final iba a caer bajo nuestras implacables botas. Durante una hora la marcha es animada, no nos cruzamos con nadie salvo con ?el abuelo?, centenario castaño que requiere foto de rigor (como el que ficha en la empresa), sin foto con ?el abuelo? nos has hecho La Vereda de la Estrella.

Ya llega el momento de la separación del grupo. Cinco de las que partimos nos íbamos a realizar la marcha más dura hecha hasta la fecha por los Sin Límite. Antonio Hidalgo, Fernando, David Morales, Paco el ambulanciero y Miguel Martín Almendros tomábamos un pequeño carril que sale a mano izquierda del camino y nos llevará al vadillo del río y al Puente del Burro, donde se sitúa un refugio de pescadores y pastores llamado el Refugio del Vadillo.

Nos despedimos del resto y con las mochilas grandes como petates, con nuestros sacos y esterillas, tomamos la Vereda del Vadillo del río. En el Vadillo reponemos líquidos, llenamos las cantimploras y enfilamos la Cuesta de los Presidiarios, preciosa subida entre pinos de repoblación, de hora y cuarto aproximadamente de duración, que nos lleva al Refugio de la Cucaracha. Es una subida suave por los grandes zig-zags que realiza el camino. Te plantas en la Cucaracha sin enterarte de la subida.

En la Cucaracha toca refrigerio de hidratos de carbono para reponer fuerzas pues lo que nos esperaba de ahí en adelante era lo más duro de la excursión.

En teoría, según una guía de Fernando, desde la Cucaracha hemos de salir, sin vereda, monte a través en dirección norte-oeste.

La vereda que sube al Puntal de Vacares no pasa por el Refugio de la Cucaracha, sino que lo deja al lado derecho de la misma. Pero por descansar en algún sitio conocido nos acercamos al refugio. Fue nuestra perdición porque esperábamos encontrar posteriormente la vereda que subía la Cuesta del Calvario (imaginaros por qué la llaman así!!!). Pero al buscar  la vereda desde el refugio se cruzaban muchas veredas hechas por el ganado y siempre estuvimos con la duda que si era la correcta cuando la tomábamos. Aunque hubo la sospecha en todo momento de que era la vereda ?buena? estaba en el viso de la loma que había sobre nosotros, por no subir 30 metros más, no la llegamos a encontrar. Así que la cuesta del Calvario la hicimos a través de piornos, matorral bajo y acometiendo pendientes de una pendiente enorme. Fue un auténtico castigo para nuestras piernas y una pérdida  de tiempo. Fácilmente estuvimos una hora de más haciendo el  tonto entre matorral bajo.

Al llegar al Barranco del Aceral ya se perdió el monte bajo y se entró en piornos solamente, cosa que dificultó enormemente la marcha. En esa zona me entró un ?pajarón? que no sé ni como pude superarlo. Iba arrastrándome con los dos botones de esquí como si fuesen cuatro piernas.

Menos mal que encontramos un nacimiento de agua pues, aparte de las fuerzas, también escaseaba el agua.

Pero no sólo fui yo, sino que ocurrió algo inédito, a Antonio Hidalgo le entró ?pájara? también y estaba con gran desánimo de tanto andar entre matorrales y destrozándonos las piernas con rampas interminables que aparentemente no llegaban a ningún sitio. Todos teníamos clara que la vereda iba sobre nuestras cabezas pero por más que subíamos no lográbamos cruzarnos con ella, el viso de la loma era más y más alto.

Desde esas alturas llegamos en algún momento a distinguir al resto del grupo que iba haciendo la Vereda de la Estrella. Alguno de nosotros se arrepentía de no haber hecho el recorrido fácil, pero bueno, ya embarcados no podíamos echarnos atrás y más viendo en el lejano horizonte el Puntal de Vacares.

El peso de las mochilas y el no-camino nos influyó  mucho en el cansancio que llevábamos. Aunque el desnivel es enorme por vereda y sin vereda, al seguir vereda el paso es más fácil, zigzaguea  facilitando su ascensión. Nosotros subíamos casi en línea recta ascendente. Fue terrible.

Tras rato de hastío y leve decepción nos paramos en un saliente rocoso a tomar un refrigerio, junto a dos refugios de pastores. Son los refugios más bonitos que he visto en alta montaña hechos apilando piedras. Estaban hasta enlosados con lajas del monte.

A esa altura sólo había hierba en el manto terroso y rocas, pura roca que dificultaba mucho la ascensión. Tras ingerir ?gasolina? y descansar unos minutos nos repusimos todos totalmente y fue en esa parada en la que Fernando y David, de una vez por todas, localizaron la vereda buena, balizada por mojones.

Pero ?a buenas horas mangas verdes?, la vimos cuando sólo faltaba hora y media de recorrido. Al enfilarla cruzamos los Prados de la Mina, llamados así  por unas minas de hierro que hay en sus faldas. Fue hora y media de llaneo, con el collado de Vacunes con sus neveros en el horizonte.

La vista era espectacular, con el Valdecasillas, el Valdeinfierno y el Valle de las Machas a nuestra derecha. La Alcazaba, el Veleta, el Mulhacén y el Puntal de Vacares se elevaban majestuosamente ante nosotros. Una pega, había nubes sobre el Mulhacén y la Alcazaba y el cielo no estaba despejado. E íbamos a dormir al raso!!! Otra incertidumbre más, que hacer??!! O nos volvíamos, o nos quedábamos en los refugios de pastores que teníamos cerca o seguíamos a riesgo de un chaparrón por la noche con la consecuente alegría para el cuerpo. Estuvimos llamando por teléfono a las cuatro de la tarde para que nos dijesen el tiempo que anunciaban en la televisión. El pronóstico era bueno así que supusimos que eran nubes pasajeras y echamos el órdago, continuamos hasta el final. Y menos mal.

Tras esas vicisitudes y sin esfuerzo apenas, alcanzamos el Collado de Vacunes tras atravesar dos ventisqueros. ¡ Qué bonito! . Pocas veces he visto algo tan bonito, qué laguna!! Con razón tiene su leyenda. Estaba rodeada de nieve, con un fondo de agua azulado y cubierta casi por completo de nieve y hielo. El contraste que veíamos al otro lado del Collado del Vacunes, a 200m bajo nuestros pies era espectacular.

Llegamos allí a las seis de la tarde, aún había sol para intentar secar la ropa del sudor profuso que habíamos expelido y disfrutar del mismo mientras comíamos lo que teníamos a mano.

Era digno de ver cómo se ergía el Puntal del Vacunes sobre la laguna, con sus ventisqueros y su pico rocoso y a sus pies la impresionante laguna. Preciosa. Estuvimos como una hora descansando, riendo y mirando al cielo pues no estaba claro qué inclemencia nos podía caer de esas nubes que sospechábamos pasajeras pero siempre queda la incertidumbre. Estando a 3000m de altura en el collado apareció una expedición muy bien pertrechada con buen material, de alemanes (4 chicos y una chica), que se apresuraron a montar sus dos tiendas de campaña al pie de la laguna, en dos semirefugios hechos apilando piedras para protegerse del viento. Nos apremiamos a bajar en ese momento por si nos quedábamos sin cortavientos para refugiarnos por la noche. , y menos mal porque habiendo ocupado el que se nos ajustaba bien, entrábamos los cinco para dormir, apareció una expedición de dos chicos y una chica castellanos. Vamos, que había apelotonamiento.

Tras acondicionar un poco mejor las piedras del cortavientos ?exploramos? la laguna. Estaban cubiertas de nieve e hielo las orillas, no se podía acercar al agua para llenar las cantimploras y dado que el agua volvía a escasear, decidimos por unanimidad mandar a David a unos borreguiles que distaban 15 minutos a por agua. Nos lo habían indicado la expedición española que conocía bien la zona. Tras cenar fueron David y Paco a por agua. Se perdieron un espectáculo único: un grupo de cabras, dos machos viejos y tres jóvenes, cruzaron a la carrera por delante nuestra, seguidos a ladridos por la perra de Fernando. Estábamos en un paraje precioso con la laguna al fondo e inmersos en la naturaleza agreste y viva de Sierra Nevada. Merece la pena vivir eso.

Ya se iba el sol así que preparamos  los sacos y esterillas. Qué divertido! Desde Fernando que se metió en ropa interior hasta mi suegro y Paco que se metieron al saco hasta con el abrigo y el pasamontañas. La noche estaba despejada, eran las 10:15p.m. en cuanto se fue el sol se disiparon las nubes y lucía una luna que deslumbraba y el cielo estaba en plenitud de estrellas. Eso sí, humedad, el relente dejaba mojado los sacos. Todo comenzaba bien hasta que algunos empezaron con la sinfonía en ronquido mayor.

¡Yo era el único que no roncaba! Parecían belcebús roncando, qué horror! Me pregunto lo que dirían las demás expediciones pues a pesar de la distancia que nos separaba estoy seguro de que se enterarían bien enterados. Y por si fuera poco la perra de Fernando ladraba y la laguna le devolvía el eco del ladrido. La perra pensaría que había más perros y vuelta a ladrar. Vaya, vaya.

A pesar de todas estas vicisitudes y de tener la sensación de oír pasos (posiblemente las cabras montesas o algún zorrillo) no fue mala la noche. Nos levantamos a las 6:20 a.m ,menos David que era el más dormilón y al volver Fernando, Paco y yo de recoger agua, por vergüenza se dejó echar del saco.

A las 7:18 a.m, tras ?pagar? el hotel y ?limpiar? los baños acometimos de vuelta al collado del cual dista la laguna un desnivel de 200m.

Ya no estábamos dispuestos a dejar la vereda así que nos fuimos guiando por los mojones que había señalizándola. Fuimos reconstruyendo los que estaban caídas y poniendo nuevos donde se perdía la vereda o se cruzaba con veredas de ganado. A la vuelta no entramos en el Refugio de la Cucaracha, sino que quedó a nuestra izquierda, bajo la Cuesta del Calvario, que esta vez sí bajamos por la vereda.

La mañana acompañaba, estaba despejada y se veían bien bonitos la Alcazaba, el Mulhacén y el Veleta con sus valles y torrenteras que forman por el deshielo. Merece la pena subir a donde subimos por tener esta vista.

Sobre el refugio picamos algo y tomamos el descenso de la vereda entre pinos hasta el vadillo del río. Desde la laguna del Vacares hasta el vadillo del río invertimos 4 horas, con descanso y reconstrucción de mojones incluido. Una burrada. Parecía que íbamos con prisa. Y eso no era nada pues parece que en el vadillo el río tomamos ginseng en vez de agua y acabamos la vereda dela Estrella en 35 minutos, nos faltaba correr... Eran las ganas de llegar a casa. Para algunos la bajada fue más cansada que la subida y para otros al revés. Hay que reconocer que una bajada tan pronunciada es penosa pues sufren mucho las rodillas.

En total hicimos un desnivel de 1800m. Las casas de la Sevillana están a 1200m y el collado del Vacares a 3000m. Estábamos tan cansados cuando subimos que no nos apetecía hacer los 150m que quedaban para coronar el Puntal del Vacunes, 30 minutos escasos. Por la mañana sólo queríamos bajar.

No faltaron, por supuesto, las cerezas de Güejar Sierra. Cada uno de nosotros se bajó con una caja de cerezas a casa, y a por el merecido descanso.

Esta ha sido una marcha bonita, dura pero asequible. Yo la propondría como la prueba de resistencia del grupo pero en vez de volver a Güejar sierra desde el Collado de Vacares, continuar por el cortijo de la Jesusa hasta Trevelez, tres horas y media más. Sería una prueba de 12 horas andando, que, para nosotros, por qué no va a ser asequible?

Salud

 

Miguel Martín Almendros


2 Comentarios
Enviado por Angel el jueves 3 de septiembre de 2009

“Puf, este finde me toca a mí, fijo que nos perdemos tambien y más llevando al par de cabezones con nosotros, haber qtal sale, un saludo.”
Enviado por Naturalia1 el sábado 5 de septiembre de 2009

“Es una buena andada pero preciosa. A ver si tienes suerte. Ya me contarás algo, campeón.
Miguel”


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